De entre todos los aspectos que colaboran en que un equipo se convierta en un grupo de gente armónico, bien engrasado y productivo, que son muchos, existe uno que marca toda la diferencia: el reconocimiento. Si la persona que lidera el mismo sabe hacer sentirse importante a cada uno de sus integrantes, como no deja de ser bien cierto, en realidad, si dicho equipo está bien estructurado al ser todas las funciones necesarias e imprescindibles y, al mismo tiempo, que todo el entorno sepa su parecer positivo sobre cada uno de ellos porque desarrollan perfectamente su cometido, el rendimiento de esas personas está garantizado.

   Lógicamente, no se trata del halago improcedente o empalagoso, fruto más bien de la adulación o la artificialidad, sino que me refiero al sincero agradecimiento que la valoración correcta y crítica del trabajo realizado conlleva; o sea, debe ser un reconocimiento verdadero, ese que no necesita de muchos aspavientos, normalmente, y que procede de un íntimo parecer mutuo, tanto de la persona que ha realizado la labor como de la que lo ordenó, ya que el primero bien sabe cuánto se esforzó y el segundo sabe lo que cuesta hacerlo bien.

   En un equipo en el que reina el reconocimiento todo fluye mejor, todos los integrantes intentar dar su mejor versión y el aroma de la auto exigencia flota en el ambiente como máximo garante de un alto nivel de excelencia. Pero, además, la gente estará más contenta por sentirse más realizada, ya que a todos nos llena y orienta el sabernos apreciados, algo que influirá decisivamente en el ambiente cordial de trabajo y reforzará el compañerismo.

   Incluso los aspectos “negativos” fluirán mejor al aceptarse de mejor grado cualquier comentario o cualquier exigencia. Si hace falta un esfuerzo adicional puntualmente, todos estarán mejor dispuestos; si se detectan errores o formas de mejorar algún procedimiento o resultado, todos encajarán los comentarios con el espíritu positivo predominante. Y conseguir que esta parte más difícil en la gestión de equipos no suponga problema alguno sólo se me antoja posible con un ratio de reconocimiento alto, al alcance de los verdaderos líderes, ya que sabrán de antemano en qué papel se desempeñarán más eficientemente sus colaboradores y tenderán a situarlos en puntos de la cadena del proceso en los que sus habilidades les hagan más fácilmente merecedores del mismo.

   No olvidad, por tanto, que la gran diferencia en la gestión de equipos es alcanzar un grado cierto de compromiso y autosatisfacción de cada uno de sus miembros para con el conjunto y para sí mismos. Conseguido esto, conseguido el verdadero equipo: todos a una. El reconocimiento individual que el liderar nos pone al alcance es la mejor estrategia para formar un conjunto que funcione a la perfección, pues cada uno se sentirá bien a su nivel, entenderá el estatus de los demás y colaborará en el buen rodaje de todo.

Un comentario de “¿Qué genera la gran diferencia en la gestión de equipos?

  1. Josep Sanvisens dice:

    Muy cierto José Manuel.
    ¡Que pronto encontramos defectos y que rápido los criticamos! ¡Cuanto nos cuesta encontrar aspectos positivos, reconocerlos y manifestarlos!
    Decir una alabanza SINCERA, reforzada con un explicación del motivo o evidéncia de porqué la decimos, puede dejar un recuerdo tan grato en una persona, que perdirará en su mente por mucho tiempo, mas del que tardaremos nosotros en olvidar nuestro gesto.
    GRACIAS JOSE MANUEL

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