Una de las habilidades más importantes y necesarias que un ser maduro deberá haber desarrollado para conseguir un estado que posibilite su proceso de crecimiento personal es la de saber contener las demandas externas y, sobretodo, internas que no coincidan con nuestros gustos, planes, apetencias o, incluso, anhelos fundamentales.

Recuerdo que mi padre solía repetir que el “no” servía para educar. Lógicamente, no desde una perspectiva restrictiva en sí, sino como camino para modelar esa voluntad infantil que nunca tiene bastante y que necesita límites que le permitan comprender los derechos y necesidades de los otros y de uno mismo. Y a la par, no favorecer con un “sí” perenne una evolución de manera consentida y sin preparación emocional para afrontar los obstáculos futuros.

Pero para las personas ya adultas, forjar una personalidad propia que dé sus frutos requiere no participar de todos las propuestas que se reciban, más si no toca o no apetece, pues aunque existe la corriente social dominante de que resulta admirable aquél que siempre está disponible para los demás en todo momento, algo que resulta maravilloso en quien lo hace conscientemente, no lo es tanto para el que no sabe colocar sus preferencias en sus decisiones. ¡Y no estaría haciendo nada mal! ¡Al contrario! Estaría utilizando la fuerza positiva de saber decir no.

Aún más importante resulta en el fuero interno, para con uno mismo. Si vamos aprendiendo a renunciar a las distracciones e inercias que todos tenemos como tendencia natural, es entonces cuando va apareciendo una capacidad de mejora continua que se instala como un hábito en nuestra determinación y que nos permite dominar la voluntad y, por tanto, estar más dispuestos a pequeños sacrificios que no lo son tanto cuando vamos viendo cumplidas las metas que nos hemos propuesto.

En ese proceso, hay que reconsiderar lo que aparentemente pueda parecer negativo (dejar de hacer cosas que a otros agraden – ¡ojo, que si lo necesitan es distinto…! – o dejar de hacer lo que nos pida el cuerpo) y saber a ciencia cierta que nos consolida en positivo, que es un arte que nos servirá para defender nuestro lugar en el mundo. A quien no lo riegue, la edad se lo irá dando de igual modo en cascada, pero mejor no perder el tiempo ya que se pueda hacer tarde, ¿verdad?

Un comentario de “La fuerza positiva de saber decir no

  1. Josep Sanvisens dice:

    A todos nos cuesta decir NO. Cuando lo hacemos solemos argumentar los motivos ràpidamente, como si tuviéramos obligación de justificarnos. Podemos decir NO con naturalidad, con coheréncia y veremos que no pasa nada. Al contrario, decir SI cuando de verdad deseamos decir no, es bajar nuestra autoestima.
    GRACIAS JOSE MANUEL

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