Una de las formas más atractivas que conozco para visualizar un objetivo me retrotrae a una clásica aseveración del inconmensurable artista del Renacimiento italiano Michelangelo Buonarroti, nuestro Miguel Ángel, “el Divino” según le conocieron sus contemporáneos florentinos, escultor por vocación y por encima de todo, pintor por formación y arquitecto desde el apogeo de su fama y hasta sus últimos días.

Cuentan que ante el asombro de la perfección formal de “La Piedad” del Vaticano, una escultura que realizó a sus 23 años, el escultor neoplatónico fue requerido por sus primeros acólitos y admiradores a contestar preguntas sobre la prodigiosa manera de tratar el impresionante bloque de mármol blanco de Carrara, pues resultaba increíble para todos ellos que se pudiera haber conseguido semejante obra de una sola talla.

“La escultura ya estaba dentro de la piedra. Yo, únicamente, he debido eliminar el mármol que le sobraba”, apuntó el joven maestro sin titubear, ante la atónita mirada de los presentes. Allí nació su leyenda.

¡Qué sensacional capacidad de visualización! Les venía a decir que había imaginado en su mente todos y cada unos de los pliegues del ropaje de los protagonistas de la marmórea escena, cada uno de sus músculos y de sus expresiones faciales antes de cincelar el primer golpe en su taller. Bien mirado, resulta escalofriante semejante talento para modelar un conjunto tan detallado y bien proporcionado sin presencia constante del propio modelo.

¡Un momento! ¡Pero claro que sí existía dicho modelo! ¡En su cabeza…!

No seré yo quien pretenda llegar a ese nivel de perfección ni empujaros a creer en que lo debéis intentar antes de arrancar cualquier proyecto, ya que pocas veces un hombre ha alcanzado esas cotas de maravillosa antelación e intentar emularlo nos podría llevar a la inacción, mas sí es importante que nos alineemos con dos corolarios que rezuman de esta historia de quinientos años atrás.

El primero reside en que cuando nosotros imaginemos algo, es muy posible que nadie más lo “vea” hasta que vaya formalizándose. Será entonces cuando se pueda empezar a compartir y a recabar apoyos externos, pero aunque la trayectoria haya sido dificultosa, nuestra “imagen“ habrá tirado de nosotros como una cuadriga de jamelgos blancos sin desfallecer. Aquellos que nos entendieren sin forma previa a su alcance, son los que entrarán en la categoría de “visionarios” y son de un incalculable valor para proseguir en el empeño, pues también participan de la fe en la “visión” y entienden por real algo que no han podido tocar todavía, como la escultura que habitaba en la piedra, si nos ceñimos al caso.

En segundo lugar, que “las piedades”, nuestros anhelos, se encuentran dentro de envoltorios de todo tipo que sólo hay que ser capaces de quitar, deshacer, desenmascarar o destruir, pues existir, existen. De acuerdo que sólo lo hacen dentro de nosotros en un primer momento, pero ya es un grado de realidad incuestionable. Es ahí donde el ejemplo modelador del gran Miguel Ángel nos puede ayudar a saber que a mayor grado de perfección se estructuren nuestros sueños, mayor grado de realidad física van conciliando, hasta llegar a un punto en el que sólo habrá que apartar “lo que sobre” para contemplar el esplendor de nuestras realizaciones.

4 comentarios de “La escultura que habita en la piedra

  1. BAN PESK dice:

    Yo interprete la frase de otra manera. Donde sin previa visualización o plan uno puede lanzarse y arriesgar confiando en que su experiencia y conocimiento … incluso su capacidad de aprender sobre la marcha, de los propios errores, le guiara a los resultados. Siempre hay plan igual… expectativas y deseos. Me ha puesto a imaginar el articulo! :D . Saludos

  2. Josep Sanvisens dice:

    Has mencionado la palabra visualizar. ¡Que importante!
    En cada persona, incluidos por supuesto a nosotros mismos, podemos ver un bloque de piedra si solo contemplamos lo que sobra o el gran potencial y belleza que todo ser humano encierra, incluso solo por el simple hecho de ser un hijo de Dios.
    GRACIAS JOSÉ MANUEL

  3. Alfonso Córcoles Orsi dice:

    GraciasJose Manuel, no terminaba de arrancar esta mañana y leyendo he enfocado un poco mejor las tareas de hoy. Ha sido muy inspirador

Deja un comentario