Dadas las fechas en las que hemos estado, es importante abordar el tema de las tradiciones… Están desapareciendo muchas o, al menos, eso aparentan estos tiempos tan raudos y creo que mereciera el tema una pequeña reflexión. Si más no, saber qué pasa cuando una anciana te dice, y es verídico lo que cuento, que “cada vez, la Navidad es más triste”…

Para empezar, quisiera dejar claro mi parecer al respecto: toda la cultura de un lugar y de sus gentes queda impresa para siempre en sus tradiciones, se quiera o no, y éstas son un sello que acompaña toda la vida a quien lo tiene, esté donde esté y aunque parezca que las obvia o las ha olvidado. También las imágenes y los recuerdos personales de cada quien van ligados no sólo a los lugares propios de la infancia, a sus olores, a sus personas queridas, a sus calles y sus plazas, sino a los eventos y las costumbres que devienen de ellos. Es un dato objetivo, a pesar de su subjetividad.

Dicho lo cual, me parece importante hacer hincapié en lo importantísimas que son las tradiciones, pues transmiten mensajes civiles que trascienden el mero formalismo. Es decir y por ejemplo, las bodas; una boda que siga un determinado rito religioso o pagano en cualquier lugar del mundo (que ese es otro cantar, pero hay que respetar todos los cantares y más los de uno, que también son tradiciones) y en cualquier época es, en realidad, una celebración de una unión de una pareja que se quiere, que arrancan un camino de vida juntos, y eso es algo tan importante y definitivo que el ser humano en su devenir ha entendido que era uno de los momentos vitales más trascendentales de sus intervinientes y que se imponía una fiesta por todo lo alto que reflejase la alegría compartida por todos. Y punto. Y eso es una tradición. Esa esencia es lo importante.

Para cada una de las costumbres que se tengan en la sociedad de cada cual, siempre puede encontrarse el motivo de importancia que se encuentra detrás de las festividades o de las manifestaciones populares, algo sumamente valorable si se pone uno en escala y atiende a los ecos de todo el pasado que nos precede. Es algo tan, tan relevante que modela la propia entidad de uno, curiosamente distinta en cada punto del mundo con tradiciones diferentes, ya que de las experiencias de los pueblos proceden las tradiciones y de las tradiciones procede la educación, que no la formación. Es un dato científico maravilloso.

Pero también las tradiciones acusan el devenir del tiempo y, lógicamente, varían según los nuevos contenidos que se hayan incorporado al sentir y al saber de los conjuntos de personas de que se trate, quedando incluso obsoletas y en desuso si no vinieren a cuento ya. Actualmente, estamos asistiendo al mayor cambio de la historia de las tradiciones, en mi opinión, que es más cuantitativo que cualitativo, aunque todo pudiera parecer que apunta en esa dirección, ya que el aditivo de la globalidad que comporta el siglo XXI reconducirá las tradiciones a la esencia resultante del sumatorio de costumbres, o sea, a la esencia de las cosas importantes de hoy y para muchísima gente, para casi toda las personas del mundo: será algo digno de vivirse.

Mientras tanto, otro ejemplo y que se anuda al título de este post en este caso, es el de las creencias. Desde la prehistoria, el hombre ha buscado las grandes respuestas sin cesar y ese camino ha sido abordado desde la presencia de la naturaleza, como bien se puede observar en varias pinturas rupestres, pasando por las religiones y el concepto de lo divino, hasta acabar mucho más centrado en estos últimos tiempos en el propio hombre, de ahí que como advierto un poco jocosamente, se haya derivado en el malvado “marketing” para deseos descafeinados que está extendiendo por los media y que nos vienen a resolver dichos problemas.

Como en todo, hay diferentes niveles y este mismo blog quisiera ser un buen referente en ese sentido, en cuanto al apoyo para la superación personal de calidad y que sólo depende de uno mismo, pero creo que la ausencia de creencias más sólidas en gran parte del conjunto de la sociedad occidental ha derivado en que las personas mayores detecten una pérdida de valor y, por tanto, un modo imperfecto de disfrutarse algunas tradiciones que han sido tan determinantes en sus vidas. Por lo que pudiera ser, revisemos personalmente y en profundidad nuestra manera de enfocar dichas fechas, no sea que estemos olvidando lo importante que reside en las fiestas navideñas, por ejemplo, donde se celebra desde siempre la unión y la presencia de los que nos queremos en torno al misterio insondable de nuestra propia existencia. Y punto.

Y devolvámosle alegría a la tradición, por ejemplo en el caso de la Navidad, como estaba diciendo, porque tiene mucha razón de ser si la entendemos. Además, no dejaremos caer el ánimo de tantas personas que han sabido, bien por convencimiento, bien por inercia, que el Amor es celebrable.

Y para los religiosos, decir que pienso que Jesús de Nazaret, el Cristo, estaría de acuerdo con estos últimos párrafos, por irreverente que sea decir algo así para con el Maestro, mas presente para las gentes de Cromagnon y sus intuiciones sin saber de Él que para los elevados a los altares como los nuevos mesías por el “marketing”, la mayoría de veces publicistas que se erigen en forjadores de nuevas tradiciones sin otro fondo que el meramente comercial. Es normal que todo sea más triste. Hay que reaccionar y entender el por qué de las cosas.

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