Por todos es sabido lo atractivo y tentador que nos resulta buscar la inmediatez satisfactoria sobre algunos de nuestros actos, hechos o realizaciones logrados con éxito, es decir, el retorno rápido en placer que de ellos consideramos que se derivan directa y lícitamente. Y es una buena opción, ¡faltaría más!

Pero cuando algo nos cuesta de veras y nos ha exigido un lento y constante esfuerzo hasta que hemos conseguido hincarle el diente y doblegarlo, y hablo de temas que serán, normalmente, objetivos a largo plazo y de un calado importante en nuestras vidas, esa satisfacción que de otros modos más inesperados es transitoria, se convierte en algo de mucho valor: en una recompensa.

La recompensa es, como su propio nombre indica, un logro que compensa doblemente. Por un lado, hace que tenga sentido todo lo hecho hasta el momento, todos los sacrificios, esfuerzos y recursos empleados para conseguirlo y, por otro, es tan grande el premio que supera con creces la suma de todos los mini gozos que hubieran supuesto las continuas celebraciones procedentes de cada paso, las que procederían de la inmediatez comentada al principio y que pueden ser, en muchas ocasiones, paradas que acarreen una pérdida de foco, una pérdida de efectividad para los objetivos de larga duración y, en resumen, una pérdida de los mismos.

Por ello el abnegado anhelo refutado por la consistencia es una vía casi segura de llegar a las grandes recompensas, a los premios que esperan a los verdaderos campeones de la superación personal, pues no hay fronteras insuperables con ese compañero de viaje. Y cuando se hacen las cosas con tanto esmero y paciencia, también se saben escoger los momentos de celebración necesarios a lo largo del camino, pero lo que sí es cierto es que no procederán de la inmediatez, sino de una programación que ensalzará los hitos importantes.

Desde MÁXIMO POTENCIAL os invitamos siempre a que planifiquéis ese tipo de objetivos que a la larga nos sitúan en otro plano, pues ese es el objetivo del crecimiento personal, pero no seré yo el que diga que no son buenos esos inesperados éxitos que trae el devenir y que no sea estupendo celebrarlos de inmediato, que bien que lo he hecho en múltiples ocasiones y hay que vivir con naturalidad lo que acontece, tan sólo digo que los éxitos que traen recompensa son absolutamente mejores, que también lo sé.

Damas y caballeros, ¡ustedes mismos!, pero yo no tardaría en plantearme alguno de esos retos que nos prometan un estatus mejor en cualquier área de nuestras vidas, sea de salud, de trabajo, de familia, de amistad, de finanzas o de alimento espiritual. La recompensa merecerá la pena, será dulce su espera.

Un comentario de “La dulce espera de la recompensa

  1. Josep Sanvisens dice:

    Otro tema muy interesante. Saber esperar la «re-compensa» a largo plazo. Es propio de personas apasionadas en su objetivo, disciplinadas, perseverantes, cada pequeño avance parcial también es un premio de satisfacción por saberse mas cerca de su meta.
    Que diferéncia con personas que caen en la trampa del premio placentero inmediato, sin valorar el riesgo de un posible dolor a largo plazo. Por ejemplo el placer de fumar «ahora» o comer demasiado «ahora» sin valorar el riesgo de contraer cancer o tener obesidad…»después».
    GRACIAS JOSÉ MANUEL

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