Elimina las excusas que te cuentas, y empieza a desarrollar una acción potente.

Constantemente mantenemos un diálogo interno con nosotros mismos que es la base de nuestro pensamiento. Nos realizamos preguntas, y de forma automática generamos las respuestas a aquello que nos planteamos. Si analizamos las respuestas que nosotros mismos nos contamos a muchas de las preguntas que nos lanzamos, probablemente descubriremos que con frecuencia utilizamos excusas, razones sin sentido que quizá sólo nosotros seamos capaces de aceptar, y que si tratásemos de convencer a alguien con ellas, tendríamos serias dificultades para poder hacerlo.

Vamos a analizar algunas de las excusas más frecuentes que utilizamos, y que podrían ser el origen de la falta de acción en algunos de los proyectos de nuestras vidas.

1 – Edad

La razón de la edad es uno de los argumentos que en muchos casos utilizamos para justificar el porqué no realizamos determinadas acciones.

«Soy muy joven para…», «ya soy muy mayor para…».

Quin Etnyre es una persona que aprendió programación y electrónica en el entorno «Arduino». Gracias a ello ha desarrollado interesantes proyectos y dispositivos electrónicos. Su conocimiento y dominio en esa materia ha sido de tal calidad y relevancia que ha acabado montando su propia empresa y dando clases en el prestigioso instituto americano MIT (Instituto tecnológico de Massachussets). Hasta aquí, todo parece normal. ¿Qué pensarías si te dijese que Quin tan solo tiene 13 años, y que con 12 ya tenía su propia empresa?

¿Cuántas personas pensarían que con 13 años se es muy joven e inmaduro para hacer algo así? Si analizamos bien nuestro entorno, tenemos miles de ejemplos de personas que su juventud o su avanzada edad no han restringido sus opciones para alcanzar los retos más altos.

La excusa de la edad es la primera de los argumentos paralizantes que de forma habitual nos contamos para tratar de justificar por qué no hacemos algo.

2 – Salud

Es frecuente escucharnos más de la cuenta. Sin embargo, eso no es lo más preocupante, sino la falta de acción para poner remedio o solución a cualquier cuestión que pueda sucedernos. Seríamos capaces de contarnos millones de veces lo mal que estamos antes de buscar una solución médica a lo que nos pueda ocurrir.

Dejar de hacer determinadas cuestiones por problemas de salud es otra de las razones que nos ayuda a establecernos límites que sólo existen en nuestras mentes. Es evidente que cualquier enfermedad o razón de salud puede ser una limitación para el ejercicio de determinadas acciones. Ahora bien, hay otras muchas cuestiones que justificamos por razones de salud que no tienen ningún fundamento. No son más que falsas creencias. Cuando sea el caso, debemos cuestionarnos el fundamento de nuestra limitación, y tratar de consultar con el mejor especialista a nuestro alcance para tratar de solucionar la cuestión. Sea lo que sea, probablemente tenga solución, y podamos así eliminar esa «razón» que no nos permite avanzar en lo que pretendemos

3 – Desconocimiento

El conocimiento es importante para el desarrollo de cualquier actividad. Ahora bien, no saber algo no es la causa que pueda justificar no acabar haciéndolo. Todo aquél que sabe, hubo un momento en su vida en el que no sabía. Decidió aprender, y a partir de ese precioso instante, la famosa frase del «no sé» acabó de tener significado.

Detectar carencias de conocimiento y no emprender acción para corregirlo no puede justificar en modo alguno que algo no se haga por esa razón. El conocimiento está al alcance de todos nosotros. Hoy, precisamente tenemos la ventaja de contar con recursos ilimitados y gratuitos (o a un coste muy reducido) a través de la red que nos permitirían mejorar nuestra aptitud en cualquier área. Lamentablemente, no es la aptitud la que deberían justificar la falta de acción, sino la actitud en muchos casos. Aprender es posible y accesible para aquel que quiere. Difícil o imposible para que el que tan sólo busca en su falta de conocimientos la razón para justificar por qué no hace algo.

4 – Tiempo

«La falta de tiempo«. Hemos llegado a la razón más popular, capaz de ocultar cualquier cosa. Éste es un «cajón desastre» muy utilizado por aquellos que encuentran en él la razón más poderosa para justificar el porqué de sus fracasos, sin acabar sintiéndose mal por reconocer que lo que falta es interés, y quizá no tiempo.

La «falta de tiempo» es algo que hemos abordado en varios artículos de este mismo blog. Creo que poco más podría aportar en este punto, y por ello, te sugiero la lectura de los siguientes artículos :

Claves de gestión del tiempo para evitar el «no tengo tiempo»

El secreto de la gestión del tiempo

El factor más importante que condiciona el uso de nuestro tiempo

Cómo añadir más de 7 años a tu vida

Después de estas lecturas, estoy convencido que no volveremos a justificar nada como «falta de tiempo». ¿Habremos encontrado aquí la solución a una de nuestras razones más populares y dañinas?

5 – Suerte

Otro gran argumento. «La suerte», y la «falta de suerte». ¿Acaso creemos que nuestra vida es una lotería? Detrás de cada caso de éxito podríamos encontrar muchas razones relacionadas con el trabajo, el esfuerzo, la dedicación, la ilusión, el compromiso, … que podrían ser argumentadas como verdaderas causas. ¿Suerte?

Del mismo modo, en los casos de fracaso, encontramos de forma frecuente la falta de trabajo, de esfuerzo, de dedicación,… como la razón del resultado. Es más fácil, y quizá entendamos menos hiriente argumentarlo como «falta de suerte» o «mala suerte» que como «falta de compromiso», «falta de trabajo»,…

Entiendo que no existe fracaso hasta que no se produce el «abandono». Hasta ese momento, todo lo que nos ocurre no son fracasos, sino resultados, y formas en las que algo no funciona. Entenderlo así y seguir trabajando en la búsqueda de alternativas es parte del ciclo del éxito. Para los que se detienen, quizá encuentren en la «mala suerte» la razón que justifique su resultado. En cualquier caso, para los que lo acaban consiguiendo, «la suerte» no es la causa de su triunfo, como tampoco fue la «mala suerte» la razón de sus resultados.

Entender qué pasa y por qué pasa nos ayudará a realizar las cosas de otra forma para generar avance. Detrás de cada resultado adverso, sólo deberíamos encontrar una buena razón para seguir intentándolo de otro modo.

Pues bien, en estas 5 excusas encontramos supuestas «razones» populares que nos ayudan a entender por qué no acabamos consiguiendo resultados. Por qué no hacemos más. Por qué no hacemos lo que deberíamos. Por qué…

Te propongo que las analices bien y que las elimines de tu argumentario. Cada vez que te respondas cualquier de estas 5 excusas, espero que te salte una luz roja que te ayude a buscar otra razón para justificar lo que pretendes. Verás que cuando empieces a analizar el porqué no lo haces y te prohibas utilizar estas verdaderas «no razones», empezarás a entrar en una nueva dinámica de búsqueda de soluciones y oportunidades. Será entonces cuando empiecen a aparecer las verdaderas soluciones y resultados.

Te invito a dejar tus reflexiones a modo de comentario más abajo. Comparte con nosotros qué sucede en tu día a día cuando asumes el compromiso de no volver a utilizar estas excusas.

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