Cómo hablar con la mirada. Con la mirada hablamos más fuerte

¿Es posible hablar con la mirada? ¿Sabes cómo hablar con la mirada?

Convenimos en ir aportando algunas herramientas que nos hicieran más fácil la tarea de hablar en público, de poder intervenir en cualquier foro con garantías notables de éxito. Pues bien, una segunda muleta que me gustaría abordar hoy es la de nuestra mirada y la de los otros a quien interpelamos. Para todo aquél que puede usar la vista afortunadamente, que los hay que tienen que desarrollar otros medios aún más sensibles para comprender el mundo, la suerte de la inmediatez le sonríe a la hora de transmitir un mensaje, ya que tiene la fuerza del apoyo de la imagen en su discurso: la que él proyecta y la que reciben él de los demás o los de enfrente de él.

Pero de entre todo aquello que puede proporcionar la imagen, lo que los que escuchando están reciben de nosotros con mayor potencia para que su atención sea máxima es nuestra mirada, reflejo directo de nuestra intención y de nuestra sinceridad, básica como advertí el otro día. Además, hablar con la mirada es un fijador de atención inequívoco: cualquiera que intercambie una mirada franca y directa con nosotros se resolverá en escuchar lo que le estemos diciendo en ese momento. De ahí que me guste decir que nuestro discurso tendrá más fuerza si usamos la expresividad del cuerpo para potenciarlo y, sin duda, repito, la herramienta de la mirada nos hace “hablar más fuerte”.

Si uno mira así a alguien al hablar, es decir, con la calma profunda que da fijarse en otro ser a través de su mirar, sean uno o dos oyentes o sean diversos rostros de un auditorio, nota reciprocidad, y ese punto de apoyo es fundamental para vencer miedos, fobias o prejuicios. Viene a ser como en las artes marciales de Oriente, pues el maestro siempre inculca que se debe utilizar la fuerza del otro en tu favor. Pensadlo bien y entenderéis de seguida que establecer contacto visual es el puente más sencillo para que la atención del otro camine hacia vosotros, un canal de fuerza del que alimentaros mientras ofrecéis vuestras reflexiones, comentarios, reacciones o ponencias.

Llegados a este punto, también se ha de destacar que por los ojos entra todo el lenguaje corporal, todo aquello que los gestos, las posturas o hasta nuestra vestimenta traslada en décimas de segundo al subconsciente de los demás. Es un conjunto definitivo, que llega a hacer el discurso más atractivo e inteligible, e incluso más cómodo en su escucha para los demás, así que no desdeñéis ninguno de esos aspectos tampoco, aunque nada sustituye la mirada. Y eso no lo olvidemos.

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