Quieres empezar a hacer un plan de ejercicio, y no acabas de hacerlo. Quieres estudiar idiomas, y no empiezas. Quieres perder peso, pero no encuentras el día para empezar a comer de forma saludable. Quieres comer de manera saludable, y aunque lo empezaste, no tardaste en abandonarlo. Quieres… Quieres… Quieres…

¿Por qué no haces muchas de las cosas que supuestamente quieres? ¿Es debido al entorno? ¿A la falta de tiempo? ¿A la crisis? ¿A qué se debe?

Nada de todo esto es la verdadera razón. Si eres sincero contigo mismo, probablemente acabes reconociendo que todo esto no lo haces porque realmente no lo quieres. Sí te gustaría conseguir todas o muchas de esas cosas, pero realmente no te pones en marcha o aunque lo inicies, no te mantienes en esa dirección porque no estás dispuesto a pagar el precio que ello supone, con lo que la realidad es que en realidad no lo quieres. Quizá podría gustarte, pero quererlo, no lo quieres.

Distinguimos así entre ilusiones y metas. Cuando tenemos deseos para los que no estamos dispuestos a pagar el precio, lo que tenemos no son más que ilusiones. ¿Hay alguien que no desearía aprender nuevos idiomas? ¿A alguien no le gustaría tener una buena línea física?… Todo el mundo se mostrará favorable hacia todos estos objetivos, pues son cuestiones generales que a todo el mundo agradan. Sin embargo, son menos los que realmente están dispuestos a asumir el compromiso consigo mismo para empezar a desarrollar la acción necesaria que acabe consiguiendo cualquier hito.

Si lo piensas bien, tú puedes llegar a ser tu mayor obstáculo en el camino. ¿Acaso no te ha sonado nunca el despertador que programaste la noche anterior para levantarte a hacer deporte y cuando suena te autoconvences de por qué puedes aplazarlo y dejarlo para otro momento? ¿Te ha ocurrido? Si analizas fríamente ese diálogo que mantienes en tu mente en ese momento, concluirás que esas razones, si fuesen argumentadas por un tercero quizá les darías poco crédito, y sin embargo, a ti te han sido suficientes  para detener tu acción.

Para conseguir algo, al primero que debes convencer es a ti mismo, y por eso, aplicar técnicas de planificación de objetivos, redacción de un plan de acción, comprobación del cumplimiento de objetivos, hacer público tus objetivos,… son técnicas efectivas que pueden ser de utilidad en ese camino de realización.

Imagina que te comprometes con alguien para hacer algo en un plazo determinado. ¿Te preocupa no cumplirlo? ¿Serías capaz de aplazarlo de forma continuada? ¿Serías capaz de no llegar a hacerlo a pesar del compromiso adquirido? Es muy posible que cuando se trate de cuestiones comprometidas con los demás, no tengas la tentación de no hacer algo a lo que te has comprometido. Y si esto es así, ¿por qué no ocurre lo mismo con los compromisos que adquieres contigo mismo? Parece que podrían ser menos importantes, y que en definitiva, si no los haces, o simplemente los aplazas, podría acabar no pasando nada.

Descubrimos así que el autoengaño es una de las cuestiones más peligrosas a las que podemos enfrentarnos, y es algo contra lo que, cuando lo detectemos, debemos tratar de buscar cuantas soluciones sean posibles. La realización personal pasa por sentirnos bien y en paz con nosotros mismos, y eso empieza por determinar cuáles son los verdaderos objetivos (que no intenciones), y trabajar en su consecución. A través del avance y la consecución de los hitos planteados generaremos una dinámica positiva que alimentará nuestro sentido de autoestima y realización personal.

Este puede ser un gran momento para hacer un análisis sincero de tu situación actual, y empezar a reconocer que si no has conseguido ya muchas de las cosas que supuestamente persigues, es porque realmente no has hecho nada en esa dirección. Ahora puede ser un gran momento para adquirir ese compromiso verdadero contigo mismo que te haga trabajar de verdad en la dirección necesaria para conseguir los resultados que te harían sentir como te gustaría. ¿Por qué no lo pruebas? ¿Crees que seguir aplazándolo no tiene riesgos? Ponte en marcha. Aunque no lo creas, este puede ser tu mayor reto.

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