Asumir la responsabilidad de lo que nos ocurre es una potente herramienta para desarrollar cuantas acciones sean necesarias, y acabar así consiguiendo todo aquello que nos propongamos. Cuando entendemos que lo que nos ocurre es debido al entorno, a los demás, a la crisis,… estamos reduciendo o eliminando nuestra capacidad de acción. Con ello no conseguimos más que entregar el control de esa circunstancia o situación a quien o a lo que estamos responsabilizando. En definitiva, debemos entender que nunca haremos algo que entendamos que no depende de nosotros, y por ello, asumir la responsabilidad de todo cuanto nos ocurre puede ser el primer gran paso para generar avance.

El problema surge cuando esa asunción de responsabilidad es mal entendida y acabamos pasando del extremo de no asumir la responsabilidad, al de acabar sintiéndonos culpables por lo que ocurre. Ambos extremos, aunque son opuestos tienen una característica común, y es precisamente que en ninguno de los dos casos somos capaces de avanzar. Tan malo es no asumir la responsabilidad como acabar sintiéndonos culpables, pues en ninguna de estas dos situaciones somos capaces de generar la acción necesaria, ni aplicarla con la intensidad o fuerza adecuada como para avanzar. Por lo tanto, esto es algo que debemos cuidar y tratar de evitar.

El cambio depende de nosotros. Somos responsables del cambio que necesitamos, y efectivamente somos capaces de ejercer cuantas acciones sean necesarias para acabar consiguiendo lo que nos proponemos. Asumirlo y entenderlo es lo importante, siempre evitando la carga excesiva de responsabilidad que pueda acabar convirtiéndose en culpabilidad. Ese sentimiento de culpabilidad bombardea nuestra mente. Nos hace sentir mal, y acaba debilitando la capacidad de nuestra acción. Por ello, debemos comprometernos a no culparnos de nada. En el dolor y el sufrimiento sin sentido no encontraremos nunca la solución a todo cuanto nos ocurre.

Recuerda que somos responsables de todo, pero culpables de nada.

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