Hay personas que viven vidas rodeadas de éxito. Para muchos, eso es cuestión de suerte. Para otros es cuestión de trabajo y de hacer bien las cosas. ¿Cuáles son los hábitos de las personas de éxito?

¿Está el éxito está relacionado con la suerte? ¿Es la mala suerte la que genera el fracaso? ¿Qué es el éxito? ¿Cómo entendemos la definición de éxito? ¿Nos hemos parado a analizar qué significa el éxito?

Habitualmente, tendemos a relacionar los conceptos de suerte y éxito como si las personas que alcanzan el éxito lo hiciesen fruto de la casualidad.

Cuando estudiamos casos de éxito en cualquier materia, encontramos que hay fenómenos comunes en la práctica totalidad de los casos, y vemos que efectivamente, el éxito no es tanto cuestión de suerte, sino de aplicar determinados hábitos y conductas que acaban generando lo que entendemos como éxito.

Ocurriría lo mismo con el «fracaso«. La tendencia a justificar el fracaso con la mala suerte también resulta bastante habitual, e igual que con anterioridad, también el fracaso está relacionado con unos determinados hábitos y prácticas, que todos ellos, acaban generando ese resultado.

En un caso y en el otro, el azar es un factor independiente que puede influir en el resultado. Ahora bien, una cuestión es que aceptemos que pueda tener una cierta influencia, y otra bien distinta es que lo consideremos como el responsable del éxito o fracaso. NO es así. Las circunstancias, el entorno,… es algo que está presente en los casos de éxito y fracaso, y del mismo modo que el éxito no es obra de la suerte, de las circunstancias,…, tampoco deberíamos aceptar estos factores como responsables del fracaso.

Existen unos hábitos bien definidos que condicionan el éxito y el fracaso.

¿Cuáles son los hábitos que distinguen a las personas de éxito?

1 – Determinan sus metas

Saben lo que quieren, y esa es una de las principales claves de su éxito. Las personas de éxito decidieron en algún momento de sus vidas cuál era su meta, y desataron una acción enfocada hacia ella. La decisión de la meta pone claridad en su camino, y les ayuda a recorrer el trayecto. Supondrá una motivación evidente a lo largo del mismo, pues será la diferencia entre «hacer las cosas por hacerlas», y «hacer las cosas por un propósito». Cuando el fin está definido y es poderoso, la motivación les acompaña en todo el recorrido.

La meta será tanto más efectiva cuanto mejor definida esté. Las personas de éxito establecen metas muy claras y concisas. No existe dudas respecto al lugar al que se dirigen.

Supongamos que llamamos a un familiar para explicarle que nos hemos perdido. Cuando nos pregunta dónde estamos para poder recogernos, le explicamos que estamos en una gran ciudad, en una calle muy ancha llena de árboles, y delante de un edificio de color amarillo muy alto. ¿Cuánto tiempo y esfuerzo podría dedicar ese familiar a encontrarnos? ¿Nos encontraría? Por el contrario, si le decimos que estamos en la calle Asturias, 8 de Valencia, acabamos de fijar la meta de forma extraordinaria para que puedan localizarnos con gran rapidez.

Esto es exactamente lo mismo que ocurre en el caso de nuestras metas. No debemos establecer metas difusas o inconcretas. Cuanta más claridad seamos capaces de establecer en la definición, más rápido podremos alcanzarla.

2 – Están dispuestos a pagar el precio

La consecución de cualquier meta debe estar acompañada del esfuerzo correspondiente. Las personas de éxito, además de tener clara la meta que quieren alcanzar, están dispuestas a trabajar y a invertir cuantos recursos sean necesarios (tiempo, energía, dinero,…) para alcanzar lo que pretenden.

Este es un punto crítico en el camino del éxito. Las personas de éxito tienen absoluta coherencia entre sus metas y su entrega y compromiso por el resultado.

Recoger la cosecha no se debe a la suerte, sino a haber realizado un trabajo planificado y ordenado. Cuando no hay siembra, el resultado es no cosechar. Eso sí está garantizado, y evidentemente tampoco es debido a la mala suerte.

3 – Las personas de éxito se enfocan en el éxito

Esta es una característica común que genera grandes resultados. James Allen decía en su obra maestra «Como un hombre piensa» que un hombre es el reflejo de lo que piensa. Así como piensa, es.

Esto es precisamente lo que hacen las personas de éxito. Lo son porque piensan constantemente en el éxito. No se enfocan en cualquier cosa, sino en la meta que quieren alcanzar.

4 – Las personas de éxito se consideran los responsables de sus resultados

Todo lo que les ocurre es fruto de su acción. No conciben la posibilidad de culpar a las circunstancias, al entorno, a los demás,… de lo que les ocurre. Entienden que si lo hiciesen, ni las circunstancias, ni el entorno, ni los demás serían capaces de solucionar su situación. Prefieren asumir la responsabilidad en primera persona para tener la posibilidad de emprender cualquier acción que les permita encontrar la solución. Eso les traslada a una situación de certidumbre en la que ellos son lo que quieren ser, y cuentan con todas las posibilidades de acción para conseguirlo.

5 – Las personas de éxito revisan sus convicciones y eliminan las limitantes

Las convicciones suponen la frontera de nuestra acción. No desarrollamos acciones más allá de lo que entendemos como posible o alcanzable. Pues bien, las personas de éxito tratan de situar esas barreras a la mayor distancia posible, o incluso eliminarlas. Su ventana hacia el campo de lo imposible está cerrada, y así desarrollan una acción poderosa para encontrar la forma de conseguir lo que quieren.

6 – Las personas de éxito eligen muy bien su círculo de referencia

Dice el refranero español que «con quien te juntas, te igualas». Las personas de éxito se rodean de las mejores personas y las más capacitadas en cada área. Estar rodeado de los mejores, y utilizarlos como punto de referencia o apoyo en cualquier momento les ayuda a superarse cada día.

Esto lo hacen tanto con personas con las que se relacionan habitualmente, como con personas que no conocen, o incluso que ya ni tan siquiera viven. En estos casos, utilizan sus libros, sus reflexiones, y en definitiva su legado para tratar de inspirarse en el camino hacia sus metas. Así, a través del estudio, la lectura,… de todos estos materiales encuentran la inspiración que desata la motivación y el conocimiento que necesitan.

7 – Las personas de éxito administran bien su tiempo

Su enfoque en metas les permite que su acción gire en torno a ellas. Así, reducen o eliminan el tiempo que dedican al ejercicio de tareas improductivas que no están alineadas con sus metas, y que tampoco aportan nada a sus objetivos. Utilizan las metas como fórmula de selección y filtro de sus tareas, y en consecuencia, la productividad, la efectividad, y en definitiva el éxito rodea sus vidas en cada una de sus áreas (familiar, física, profesional,…)

8 – Las personas de éxito planifican bien su acción

De forma periódica miden su posición respecto a la meta, y planifican las acciones correspondientes para poder alcanzarla. Cuando se proponen una meta, el ejercicio no lo consideran finalizado en ese momento, sino que están constantemente planificando la evolución que han tenido, detectando posibles desviaciones que puedan haber experimentado en el camino, y las acciones que deben llevar a cabo para alcanzar la meta.

Aquí podemos observar una de las principales diferencias entre las personas de éxito y las que no lo son. Dado que no quieren culpar a las circunstancias o el entorno de sus resultados, simplemente miden cómo han podido afectar éstos al resultado, y practican las correcciones oportunas a través de la planificación. Sólo así son capaces de recorrer el camino hacia la meta. Hay quienes entienden ese camino como algo lineal. No lo es. En ese camino hay subidas y bajadas que les desvían del rumbo, y precisamente a través de la planificación es como son capaces a reencontrar el rumbo correcto.

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