Encontramos en nuestro entorno cuestiones urgentes que atender. Emails, teléfono, visitas, interrupciones,… tienen siempre en común que nos surgen y aparecen en nuestro día a día de forma inesperada, y sin buscarlos. Son cuestiones que reclaman nuestra atención, y que al atenderlas acabamos haciendo lo que nuestro entorno requiere de nosotros. Las resolvemos sin darnos cuenta que en muchos casos esas cuestiones ni tan siquiera están alineadas con nuestros deseos y objetivos. La urgencia con la que surgen provoca que en la mayoría de las ocasiones dejemos de hacer lo que estamos haciendo para poder atenderlas.

El teléfono suena, y debemos cogerlo. El compañero que entra para consultarnos algo requiere una respuesta urgente,… Vemos así que acabamos entregando nuestro tiempo a las exigencias de todo cuanto nos rodea, y casualmente, cuanto más «suene» o «moleste», antes lo atendemos, y más atención le prestamos. Tras atenderlo todo, llegamos al final del día con la sensación de insatisfacción por no haber avanzado como necesitábamos o esperábamos, por encontrarnos al final del día con muchas cuestiones importantes sin resolver,… En definitiva, nos encontramos con la sensación de haber resuelto todo lo que puede ser importante para los demás, pero no precisamente para nosotros.

La sensación y percepción de urgencia es bien distinta para otras cuestiones que sí son trascendentes en la dirección de nuestras metas. Dado que éstas no van acompañadas de «timbre», tenemos una tentación importante de acabar aplazándolas hasta encontrar un nuevo momento en el que poder atenderlas, una vez hemos «apagado todos los fuegos» que nos han ido surgiendo de forma inesperada. Así, es frecuente acabar aplazándolas casi sin darnos cuenta, sin pensar que al final es la vida la que acaba pasando, y que finalmente no prestamos atención a lo que deberíamos.

La herramienta de la planificación nos permite darle a nuestros valores, y a esas cuestiones importantes la prioridad que efectivamente tienen. Supone ponerlos en primera línea de nuestro día a día para que puedan ser llevados a cabo, y conseguir los resultados que verdaderamente cuentan para nosotros.  La planificación nos ayuda a entender y percibir que esas cuestiones inesperadas que surgen muy probablemente deben pasar a un segundo plano, y que en modo alguno pueden acabar obstaculizando el desempeño de nuestras metas.

Dedicar unos minutos a comienzos de cada semana y de cada día para la planificación nos ayuda a realizar una priorización efectiva que acaba permitiéndonos enfocar el uso de nuestro tiempo hacia las tareas importantes y poder así generar la satisfacción y la paz interior que desarrollamos cuando vemos que conseguimos avances en la consecución de nuestras metas. La planificación resulta una de las herramientas fundamentales en la gestión y administración del tiempo, que supone la clave para acabar haciendo lo que necesitamos y/o queremos, en lugar de lo que nuestro entorno puede demandar de nosotros.

Un comentario de “La necesidad de planificación. Por qué debemos planificar

  1. Josep Sanvisens dice:

    Me gusta que vayais escribiendo sobre planificación, gestion del tiempo, prioridad de tareas, establecer objetivos… Todos estos conceptos estan relacionados entre si y son tan importantes que afectan por completo y por entero a toda nuestra vida.
    Si los dejamos al azar habra caos, podremos quizás actuar pero no avanzaremos, pasaremos la vida, pero no avanzaremos.
    Si los estudiamos y los gestionamos habrá orden, sabremos que hacer y avanzaremos, viviremos la vida con sentido en vez de solo pasarla.
    GRACIAS MIGUEL ANGEL.

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