¿Has tenido que tomar decisiones con miedo en alguna ocasión? ¿Qué consecuencias puede tener? ¿Cómo puedes evitarlo?

Sabemos que la toma de decisiones es uno de los procesos más complejos en nuestro día a día. Cada decisión que tomamos realmente nos está enfocando hacia una dirección. Por importante o intrascendente que pueda parecer, podemos entender que cada decisión tiene un efecto equivalente al de dar un golpe de timón en un barco hacia un determinado destino. Así pues, cada decisión no hace más que seguir dirigiéndonos al punto de destino, o alejándonos del mismo.

Tomar decisiones con miedo puede resultar ciertamente peligroso, pues no existe el marco de tranquilidad y confianza necesario para decidir qué es lo mejor que debemos hacer. El miedo puede convertir ese proceso en un «realizar lo menos malo», en lugar de «lo mejor».

Cuando a lo largo de tu trayectoria has ido tomando decisiones y el resultado no ha sido como esperabas, empiezas a generar una incertidumbre añadida que ciertamente condiciona tus futuras decisiones. Cada vez que tratas de tomar una nueva decisión miras hacia atrás, haces un rápido análisis de los resultados anteriores, y cuando determinas que no son lo que esperabas, empieza a desatarse en ti ese clima que dificulta tu decisión actual. Tú harías eso, pero es que hasta ahora no ha funcionado, y…

Empiezan las dudas. ¿Y si fallo? ¿Y si me sale mal? ¿Y si…? Tu cabeza se llena de y si…, y realmente te acaba generando dudas e inacción. Eres incapaz de tomar la decisión en condiciones de libertad como debieras. ¿Qué ocurre entonces? Que tu decisión se reduce a la capacidad que tengas para asumir nuevos riesgos, sin considerar si es lo más conveniente desde el punto de vista del resultado. Simplemente puedes acabar decidiendo aquello que tenga menos riesgo, sin valorar si realmente es la opción que va a generar el resultado que esperas. En definitiva, optas por lo más controlado, lo menos malo, pero en ningún caso por lo mejor.

Cuando en tu esquema mental tratas de responder a la pregunta «qué hacer», si por miedo enfocas tu pensamiento hacia lo que no quieres, en lugar de hacia lo que quieres, la probabilidad de que acabes consiguiendo precisamente lo que estás tratando de evitar aumenta.

Recuerdo la reflexión de un famoso jugador de golf. Cuando alcanzó la fama le hicieron una entrevista, y le preguntaron cuáles eran las claves de su éxito. Él respondió que su éxito en el golf se debía a 2 principios fundamentales, y los explicó a través de sus experiencias.

Cuando empezó su carrera, el golf le resultaba muy frustrante. Cuando en los hoyos largos empezaba con un mal golpe inicial, trataba de corregirlo en los siguientes golpes. Así, los golpes sucesivos intentaba darle un pequeño plus de fuerza para compensar el fallo inicial. El resultado es que los siguientes golpes tampoco acababa obteniendo el resultado que esperaba.

Del mismo modo, cada vez que tenía que dar un golpe en un entorno de agua, su tensión aumentaba, y le frustraba ver que con mucha frecuencia, su bola acababa siempre en el lago.

Tras varios partidos experimentando todo esto, decidió contratar una clase con un maestro del golf, a quien explicó lo que le sucedía.

Cuando terminó de explicar su frustración, el maestro le respondió con un rotundo «lo que te está ocurriendo es totalmente lógico». Tras varios segundos de silencio, prosiguió diciéndole que «su problema es que se estaba enfocando en lo que no debía».

Explicaba que recordaba cómo su profesor se lo llevó en medio del campo, a unos 100 metros del green, y le pidió que sin pensar en nada más tirase 10 bolas. En ese ejercicio no había un golpe anterior, pues no estaban en un partido. Tampoco había agua, ni ningún otro obstáculo en el entorno. Así, el golfista tan sólo se tenía que concentrar en dar 10 golpes a un green que estaba a 100 metros.

Quedó sorprendido al ver que 9 de las 10 bolas fueron al entorno del green. Tras la experiencia, el maestro le pidió que reflexionase cuál era la diferencia respecto a lo que él mismo le acababa de contar, y concluyó que efectivamente, había tirado las 10 bolas concentrándose únicamente en ese golpe El hecho de que no existiesen golpes previos que condicionasen el nuevo golpe, y la inexistencia de agua u obstáculo le habían permitido dar el golpe en «libertad».

«Efectivamente», le dijo el maestro. Analicemos cada uno de los dos problemas por separado.

En primer lugar, cuando en un golpe no haces lo que tienes que hacer, sino que tratas de añadir lo que has podido fallar en el anterior, el resultado no puede ser bueno. Cada golpe debe ser única y exclusivamente lo que debe ser. Ni más ni menos. Lo que te estaba pasando era que estabas golpeando la bola tratando de dar un golpe más largo para corregir el error anterior. Como te he explicado, cada golpe es lo que tiene que ser. Cuando tratabas de hacer más de un golpe en uno, acabas volviendo a fallar. Olvídate del resultado anterior. Da igual cómo hayas hecho los golpes anteriores. Debes concentrarte única y exclusivamente en lo que tienes ante ti, sin considerar lo qué ha podido pasar en el pasado. Lo que haya podido ocurrir antes no tiene que influir en modo alguno en lo que vas a realizar a continuación.

Respecto al golpe para evitar el agua, lo que ocurría es que tu miedo al agua provocaba que tu mente se enfocase en el agua, y no en el lugar donde querías que realmente fuese la bola. Cuando te enfocas en lo que pretendes evitar, el porcentaje de acabar consiguiendo precisamente lo que estás tratando de evitar se incrementa.

¿Por qué?

Cuando tratas de dar un golpe pensando en el agua, desarrollas miedo al agua. Finalmente, no das el golpe en condiciones de libertad como lo has hecho en cualquier otra parte del campo. Te enfocas principalmente en evitar el agua, y así, tu golpe está condicionado por este miedo. Acabas haciendo lo que no debes, y efectivamente, la bola acaba donde no deseas. Esas son las consecuencias de enfocarte en lo que no deseas. Fíjate como cuando te he pedido ese mismo golpe en otro lugar donde no había agua, lo has hecho perfectamente. En esos casos te has enfocado en el green, y no en el agua.

A través de estos ejemplo podemos ver claramente cuáles pueden ser las consecuencias de tomar decisiones con miedo, y cómo el miedo aparente puede acabar convirtiéndose en una realidad.

Te invito a reflexionar sobre esta cuestión y a que rompas con esa posible dinámica. Cada vez que tengas que tomar una decisión, olvida tu pasado, y no pienses en lo que NO quieres conseguir. Enfócate única y exclusivamente en lo que vas a realizar, sin pensar en resultados anteriores, tu entorno, circunstancias externas, riesgos que puedas tener, posibles errores, fallos,… y sobre todo, en lo que no quieres. NADA DE TODO ESTO DEBE INFLUIRTE EN MODO ALGUNO. Recuerda que como decíamos en otro artículo de este blog, «el miedo solo existe en tu mente«

2 comentarios de “Evita tomar decisiones con miedo : Las 2 claves del golfista

  1. Josep Sanvisens dice:

    Buen ejemplo el del jugador de golf.
    Si se tratara de matemáticas, podríamos decir que el resultado equivale a la decisión tomada menos el miedo de llevarla a cabo. Cuanto mayor sea el miedo, mas pequeño será el resultado.
    GRACIAS MIGUEL ANGEL

    • Miguel Angel dice:

      Josep, creo que en esa ecuación que planteas se recoge perfectamente el efecto del miedo en el proceso de toma de decisiones.

      Excelente capacidad de síntesis, como siempre.

      Gracias por tu comentario.

      Miguel Ángel

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