¿Qué es el fracaso? ¿Por qué existe el miedo a fracasar? ¿Es posible fracasar? ¿Qué pasaría si nos proponemos no aceptar el fracaso? ¿Qué ocurriría si cambiásemos el concepto de fracaso por el de resultado?

Cuando desempeñamos cualquier acción vamos generando resultados. Algunos de ellos serán positivos, otros serán negativos. La cuestión es que tanto unos como otros son meros resultados que iremos cosechando en la dirección de la meta que perseguimos. Así como un resultado positivo no es el éxito en si mismo, sino un paso en la dirección hacia él, el resultado negativo tampoco se puede entender como un fracaso, sino como una forma en la que no se avanza en la dirección del objetivo.

De este modo, el fracaso no se consuma mientras no se produzca el abandono. Sean positivos o negativos, no son más que resultados que nos van descubriendo cómo sí, y cómo no podemos avanzar en la dirección del objetivo.

El miedo al fracaso puede ejercer un grado de inmovilismo que acabe deteriorando nuestra acción, y en consecuencia la calidad de nuestros resultados. No es posible planificar, ni ejercer cualquier acción sin la condición de libertad que nos permite seguir dando pasos en el camino con la confianza y autoestima que necesitamos. Cuando surge ese miedo, tratamos de limitar el ámbito de nuestra decisión y acción en todo aquello que reduzca el nivel de riesgo. Así, las decisiones no se toman en función del objetivo que pretendemos alcanzar, sino en el entorno de aquello que esté libre de riesgo, o donde éste se encuentre minimizado.

¿Qué ocurre cuando las decisiones no se toman en función del objetivo, sino tratando de minimizar el riesgo?

Generalmente, cuando nos encontramos en estas circunstancias, lo más normal es que las acciones que emprendemos sean muy débiles. Realmente no hacemos lo que nuestro objetivo requiere por el miedo al fracaso, y las consecuencias es que ante una acción débil, el resultado es bastante limitado. Como consecuencia de varias acciones débiles encadenadas, se acaban sucediendo una serie de resultados muy pobres que en su conjunto no generan avance. De este modo, ante la imposibilidad de alcanzar el objetivo en la forma y tiempo deseado, se puede acabar provocando el abandono, consumando así el fracaso en su plenitud.

¿Cómo podríamos solucionar esto? La necesidad del cambio de paradigma

El cambio de paradigma entre fracasos y resultados es la clave fundamental en la trayectoria hacia el éxito. No es lo mismo preguntarnos ¿por qué hemos fracasado? que plantearnos ¿cómo podemos mejorar un resultado?

El cambio en el enfoque genera respuestas y acciones bien distintas. La primera pregunta está asumiendo implícitamente la existencia de un fracaso, y así, difícilmente vamos a poder generar respuestas motivadoras que concluyan con una acción potente. En el segundo caso, cuando lo entendemos como un mero resultado, seguro que somos capaces de emprender vías alternativas para poder conseguir otros resultados distintos que sí nos acerquen a nuestra diana.

Debemos entender que no es posible fracasar si cualquier cosa que nos suceda la entendemos como un resultado, y en ningún caso como un fracaso. Vemos así la importancia de la calificación de los hechos, y de la forma en que entendamos la situación. Este cambio de paradigma desde el «fracaso» al «resultado» es la primera clave para seguir avanzando consistentemente para alcanzar lo que perseguimos.

2 comentarios de “No es posible fracasar si no lo asumimos como tal

  1. Irene dice:

    Hola Miguel Ángel!

    Enhorabuena por tu artículo, concuerda al 100% con mi forma de ver el «fracaso».

    Yo añadiría una pregunta además de la de «¿cómo mejorar el resultado?». Esa pregunta es: «¿para qué he obtenido este resultado?». Cuando algo no nos sale como habíamos planeado es, casi siempre, porque tenemos algo que aprender de esa situación en específico. A mí, ese «para qué» me lleva a averiguar qué es eso que la situación tiene que enseñarme.

    Muchas gracias!

    Irene

  2. Josep Sanvisens dice:

    Totalmente de acuerdo en que existen solo acciones y resultados. Cuando los resultados no son los deseados, descubrimos acciones que no funcionan y podemos cambiarlas.
    El fracaso existe para nosotros cuando lo admitimos y abandonamos.
    GRACIAS MIGUEL ANGEL

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