¿Eres feliz?. Seguro que te lo has planteado muchas veces, y ante la complejidad de la pregunta, has acabado no respondiéndola en más de una ocasión.

¿Qué se tendría que producir en nuestras vidas para ser felices?.

Hay personas que aplican fórmulas muy complejas para tratar de conseguir la felicidad, que puede estar vinculada a conseguir cuestiones como un determinado coche, una gran casa, un determinado status social,… Parece que cuando se produzca todo esto, y sólo entonces serán felices. ¿Cuál es la probabilidad de que todos esos condicionantes se den?. Pues la verdad es que es más bien baja.

Pensemos por un momento si tiene sentido vincular algo fundamental como la felicidad a cuestiones materiales, que tienen un valor intrínsecamente económico. ¿Qué pasará cuando consigamos el coche o la casa de nuestros sueños? ¿Nos podríamos dar cuenta que hemos descuidado nuestro entorno hasta ese momento? ¿Podríamos acabar sintiéndonos vacíos por disponer de algo material, y nada más que material? Una vez conseguidas las cosas que pretendíamos, ¿podríamos seguir deseando otras, y aplazando así la consecuención de la felicidad?

¿Qué pasaría si encontrásemos nuestra felicidad en cuestiones más simples que se cumplen diariamente?

¿Podríamos ser felices al disfrutar de la vida, de la salud, de la compañía de nuestros seres más queridos, de la naturaleza que nos rodea? Precisamente, en estas cuestiones cotidianas es donde reside el verdadero sentido de la felicidad, valorada no tanto en términos de lo que nos falta por conseguir, sino por lo que ya tenemos.

Debemos tener sueños y metas. La importancia de las metas como motor de nuestra acción ya ha quedado ampliamente descrita en muchos de nuestros artículos. Sin embargo, debemos ser capaces de disfrutar desde el primer momento, y a lo largo del camino, no condicionando así la felicidad a la consecución o no del resultado.

Aprendamos a «ser felices para conseguir nuestras metas», en lugar de «conseguir las metas para ser felices». En este caso, parece evidente que el orden de los factores sí altera el producto.

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