La ciudad de Elche (España) cuenta con millones de palmeras, y es mundialmente conocida por su palmeral, que ha obtenido el reconocimiento de la Unesco al declararlo como Patrimonio de la Humanidad.

El valor y riqueza de este activo natural es incalculable, y resulta un atractivo singular para esta ciudad, llena de palmeras centenarias.

Desde hace unos años, se está produciendo un fenómeno que está poniendo en riesgo la supervivencia del palmeral. Se trata de la plaga del «picudo rojo», que está afectando a miles de palmeras.

Los que hemos tenido ocasión de contemplar el tamaño de este diminuto insecto de trompa pronunciada, nos asombramos de cómo es posible que algo tan minúsculo acabe tumbando palmeras de muchos metros de altura, y con más de cien años de existencia. Pues sí, por increíble que parezca, estos pequeños seres, que vistos de cerca parecen insignificantes e inofensivos, se introducen en el interior de las palmeras, y ejercen constantes ataques que llegan a tumbarlas, y a acabar con su fortaleza y vitalidad.

Pues bien, existe una analogía importante entre lo que genera el picudo en la palmera, y el efecto que producen las preocupaciones en nuestra mente.

Si las analizamos de forma aislada, las preocupaciones no son más que pensamientos, a veces de mayor o menor calado, pero simplemente pensamientos. Igual que ocurre con el picudo en la palmera, la preocupación produce unos efectos adversos en nuestra mente, que debilita nuestra acción y estado de ánimo.

¿Cuál es el efecto de la preocupación?.

La preocupación limita nuestro potencial de acción. Mantiene nuestra mente ocupada con temores y cuestiones que en muchos casos son inexistentes, y que en muchos casos, ni tan siquiera llegarán a ocurrir en el futuro.

Decía Montaigne : «Mi vida está llena de terribles desdichas, muchas de las cuales nunca llegaron a suceder«. Efectivamente, si analizamos nuestras preocupaciones, y vemos qué es lo que nos preocupaba hace unas semanas o meses, veremos cómo muchas de esas cuestiones no han llegado a ocurrir.

De este modo, vemos que lo único que nos ha supuesto la preocupación es ocupación, desgaste de recursos e inacción. En el momento presente, difícilmente tenemos toda la información y herramientas a nuestro alcance para solucionar cuestiones que, si ocurren, acabarán sucediendo en el futuro. Será entonces, cuando se presenten,  el momento adecuado para acabar resolviendo aquello que se nos plantee, contando entonces con la información adecuada para la toma de decisiones al respecto.

Por ello, concentrémnos en el presente. Disfrutemos del momento actual, y no comprometamos nuestra felicidad por temores que pueden suceder en el futuro, pero que lo cierto es que ahora mismo no existen. Como decía Dante : «El día de hoy nunca volverá a amanecer«. Si te lo pierdes, mañana, posiblemente volverás a tener otro, pero será distinto del de hoy.

No permitamos que algo tan minúsculo e insignificante como una preocupación, que no es más que un pensamiento acabe ejerciendo sobre nosotros el efecto que el picudo realiza sobre la palmera. No pensemos que nuestra fortaleza es inmune a las preocupaciones. Observemos el ejemplo de las palmeras, y creámonos que algo tan grande acaba en el suelo por el efecto de un minúsculo insecto.

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