Desde el momento del nacimiento, los niños empiezan un proceso de aprendizaje en el que sintetizan y absorben todo cuanto pasa por delante de ellos. A veces nos sorprendemos por la capacidad que tienen para aprender un lenguaje a tan temprana edad, o la rapidez con la que desempeñan determinadas tareas.

Desde que comienzan a tener independencia y autonomía con el lenguaje, se cuestionan muchas de las cosas que les suceden, y dado que no tienen prejuicio alguno, acaban preguntándose el porqué de las cosas. Frecuentemente, los niños someten a su interlocutor a un interrogatorio a través de la pregunta de ¿por qué…?, ¿por qué…? Todo, absolutamente todo es nuevo para ellos, y dado que se encuentran ávidos de conocimiento y saber, se preguntan el porqué de las cosas en cada momento.

Los familiares, profesores, y demás personas que componen su entorno les ayudan a formar la base de su conocimiento. Ante la constante repetición por parte del niño de tan fácil pregunta y a veces tan complicada respuesta, en determinadas ocasiones obtienen un «porque sí». Esta respuesta hace que asuman la información no en función de la razón que la sustenta, sino porque «me lo ha dicho mi padre, mi profesor,…». Para ellos, que alguien importante de su entorno les haya dicho que «sí porque sí» podría bastar para aceptarlo como bueno.

Observamos que cuando no existe un conocimiento previo sobre algo, somos capaces de analizar el porqué. Sin embargo, cuando lo asumimos como cierto, dejamos de plantearnos el porqué de las cosas y lo aceptamos como tal, sin saber muy bien las razones que lo sustentan. Seríamos capaces de defender cualquier dogma que tenemos preconcebido, aún desconociendo el fundamento de nuestra razón. Así, desarrollamos nuestras vidas en torno a muchas cosas que no sabemos cómo son, ni por qué son. Simplemente, las asumimos un día como ciertas, y a partir de entonces, las dimos por buenas, creando así nuestra acción alrededor de las mismas.

Si volvemos a realizar el proceso de aprendizaje que hacíamos cuando éramos niños, veremos que no encontraremos justificación a muchas de las cosas que nos rodean. No podremos explicar por qué hacemos las cosas de una determinada forma, o por qué creemos determinadas cuestiones. Nuestro entorno nos enseñó que era así, lo asumimos como tal, y probablemente, no hemos vuelto a preguntarnos si existe o no una razón para ello.

Para probar esta cuestión, bastaría con cuestionarnos durante un día el porqué de las cosas que hacemos. Observaremos que, efectivamente no podríamos justificar muchas de ellas. Además, podríamos hacer la prueba con terceros, y veríamos que desconocen la razón de muchos de los argumentos o conocimientos que expresan. Ante nuestras preguntas de por qué, empezaremos a obtener respuestas de «esto es así porque siempre lo he hecho así». ¿Es esta una razón suficiente para explicar algo o justificar un procedimiento?.

Así pues, analicemos cuántas cosas hemos hecho de una determinada forma por desconocer la verdad sobre ella. Análogamente, descubramos cuántas cosas hemos dejado de hacer por el miedo que hemos tenido sobre algo que, cuando nos hemos parado a analizar por qué, no existe razón o fundamento alguno para ello.

Seguro que cuando volvamos  a ejercer el proceso de aprendizaje que desempeñábamos de «niños» y empecemos a preguntarnos el porqué de las cosas que nos suceden, empezaremos a redescubrir una vida que no conocíamos.

Te invitamos a que pongas en práctica este ejercicio, y que nos hagas llegar tus experiencias en forma de comentarios aquí abajo.

0 comentarios de “El poder del porqué

  1. Josep Sanvisens dice:

    No ha sido facil mantenerme alerta a lo que hago para preguntarme ¿PORQUE? Algunos de mis actos detectados estos dos dias han sido:
    -Dar explicaciones o justificaciones que no me piden, cuando a una demanda de otra persona contesto NO.
    -Retardar expresamente una conversación necesaria si no es placentera.
    -Confiar que un problema se resolverá solo, a pesar de saber que ésto es imposible.
    -Pasar siempre por las mismas calles, ir a las mismas tiendas, comprar el mismo periódico, etc.
    -Saludar a conocidos con frases hechas y respuestas automáticas del tipo: Hola ¿Como estás? ¡Bien, gracias! Y acto seguido comentar el tiempo que hace.
    -Contestar «de nada» o «no hay de que» cuando alguiem me dice gràcias.
    Esforzarse en detectar que hacemos y como lo hacemos ya es un primer paso muy importante.
    GRACIAS POR ESCRIBIR

  2. Josep Sanvisens dice:

    Me parece una experiéncia excelente. La pondré en práctica y añadiré un segundo comentario, por ejemplo dentro de dos dias. Me comprometo a hacerlo.
    GRACIAS POR ESCRIBIR

Deja un comentario