Diariamente interactuamos con los demás, sin prestar demasiada atención a las acciones que desempeñan, y sin valorar el esfuerzo que realizan para que nuestro entorno funcione. Si reflexionamos sobre esto, nos daremos cuenta que nuestro bienestar se debe en gran medida al empeño de los demás.

Reconocer el esfuerzo que realizan los demás es algo fundamental para conseguir que las personas perciban que su dedicación merece la pena. La gratitud es uno de los valores más importantes, y en ocasiones, el estado de ánimo puede incluso depender de algo tan sencillo como el mero reconocimiento o agradecimiento por el trabajo realizado.

Las personas necesitamos sentirnos valoradas. Necesitamos sentirnos importantes para los demás, y encontrar una justificación y sentido a lo que realizamos.

Cuando necesitemos que los demás hagan una determinada cosa, sólo conseguiremos que lo hagan si verdaderamente quieren. Las fórmulas del miedo no funcionan, y de ahí la necesidad de fomentar el espíritu de acción voluntaria mediante la motivación. Así, la gratitud desempeña un papel importante, y se configura como una herramienta valiosa. Saber motivar y fomentar que nuestros colaboradores se sientan motivados es uno de los principios básicos del liderazgo. De hacerlo así, podremos conseguir los resultados que perseguimos, y simultáneamente que esas personas se sienta felices desempeñando la actividad.

Aparentemente, todo son ventajas, y todo ello se puede conseguir simplemente interesándonos por los demás, y valorando su esfuerzo.

Para la mejor comprensión de esta idea pondré un ejemplo :

Amparo ha sido siempre una mujer totalmente entregada a su familia. Durante los últimos 20 años ha vivido por y para su familia. Siempre ha realizado todo lo que estaba a su alcance para conseguir la felicidad de los que le rodean. Diariamente, y durante muchos años, ha preparado con cariño el almuerzo de sus hijos y de su marido. Sin embargo, personalmente se ha sentido siempre poco valorada, pues su esfuerzo y cariño no siempre ha sido comprendido ni reconocido por nadie. Un día, cansada de esta situación decidió hacer los bocadillos con pan duro, y sin nada de relleno en su interior. Cuando regresaron por la noche a casa, todos le recriminaron este hecho. Ella, con gran tristeza respondió que lamentablemente, después de 20 años de entrega, tuvo que recurrir a hacer los bocadillos con pan duro para que ellos pudiesen reconocer la importancia y el mérito de su trabajo.

Como podemos ver en este ejemplo, una simple palabra o un pequeño agradecimiento y/o reconocimiento es lo que esas personas necesitan a cambio de su dedicación. Qué menos que eso podemos hacer por aquellos que se preocupan por nosotros, y que trabajan en favor de nuestra felicidad.

Identifiquemos desde ya qué personas y hechos merecen nuestra aprobación, y aprovechemos cualquier oportunidad, por insignificante que parezca para rendir tributo a esas personas que facilitan nuestro día a día.

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