Cuando pensamos en el mejor trabajo, damos importancia a aquél que nos parece más seguro. Si preguntamos a muchas de las personas que trabajan para la administración pública, o a aquellas que trabajan en grandes empresas qué es lo que más valoran de su trabajo, quizá la seguridad sea una de los factores más valorados.

Cuando nuestro coche está asegurado a todo riesgo, parece que las consecuencias de un posible accidente son menos importantes, pues el riesgo que se pueda producir está cubierto por la póliza.

Si pensamos en otros muchos ejemplos en los que la seguridad es un factor importante, encontramos que el miedo es una fuente de inacción para unos, y un gran negocio para otros que consiguen importantes cuantías de dinero y facturación para cubrir la aversión al riesgo de los primeros.

Anticiparnos a lo que puede ocurrir y tratar de cubrirlo es una buena práctica que nos ayuda a vivir mejor y más tranquilos.

La práctica nos demuestra que en un altísimo porcentaje de ocasiones, al final, nunca pasa nada, y así, el precio de la cobertura se entiende por bien empleada para satisfacer la necesidad de limitar el riesgo. No es tanto un negocio como la necesidad de vivir tranquilos. Ahora bien, esa tranquilidad, en ciertas ocasiones puede llegar a traducirse en una vida basada en la comodidad, en la inacción y en la ausencia de retos.

Volviendo al ejemplo de aquellas personas que valoran su trabajo por la seguridad que les ofrece, ¿qué responderían si les preguntásemos si ese es el trabajo de sus sueños? Es muy posible que la respuesta fuese que NO. Y entonces, ¿por qué trabajar y dedicar al menos un tercio de cada día a algo que no es lo que más te gustaría a hacer? ¿No les gustaría más poder trabajar o hacer algo que pudiese satisfacer sus expectativas y les apasionase? La respuesta del NO que encontramos es un claro ejemplo de que la seguridad prevalece sobre los sueños en estos casos.

Lejos de querer generar cualquier polémica sobre los ejemplos en sí, lo que pretendo con estas reflexiones es analizar cómo la seguridad puede modificar nuestros hábitos y comportamientos, pudiendo llegar incluso a ser un freno para el desarrollo de nuestras acciones. La seguridad, que como concepto es algo muy deseable, puede acabar evitando el desarrollo de una acción potente que genere resultados de impacto positivo. Saber que en el peor de los casos no pasará nada, al menos durante un cierto período de tiempo, hace que la puesta en práctica de la acción se postergue o incluso no se llegue a realizar.

¿Cómo sería tu vida si te empleases al 100% en aquello que te apasiona, sin darle tanta importancia a la cuestión de la seguridad? ¿Cuántos sueños no llegas a alcanzar por miedo? ¿Qué harías en tu vida si fuese imposible fracasar? ¿Harías algo distinto de lo que haces día a día?

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