Estamos participando en una excelente iniciativa llevada a cabo por Jovempa (Asociación de jóvenes empresarios de la provincia de Alicante) que pretende trasladar el concepto de “emprender”  a niños de entre 9 y 10 años del colegio “Sagrada Familia” de Elche, en colaboración con la Obra Social CAM.

El programa consta de varias jornadas teórico-prácticas en las que explicamos a los niños qué es emprender, por qué es necesario emprender, y cómo se puede emprender. Dada la edad del público objetivo, los conceptos se desarrollan con una extrema simplicidad. Tratamos de transmitirles ideas muy sencillas que les permitan captar el mensaje de que la actitud orientada hacia el esfuerzo, el sacrificio y la dedicación puede acabar generando un gran impacto en sus vidas.

El programa ha sido minuciosamente diseñado para destacar los puntos esenciales, y prevé una parte práctica importante, en la que los niños, organizados en grupos de 10, y supervisados por un tutor ponen en marcha la creación de un proyecto que pretende desarrollar un producto que finalmente podrán “vender” entre los padres del colegio.

Me gustaría compartir con vosotros la experiencia que he vivido con el grupo que tutelo.

En la jornada inicial, les pusimos ejemplos de empresas que están presentes en sus vidas, de personas que han generado importantes desarrollos,…, y tratamos el concepto del “fracaso”, como parte del camino en la vida del emprendedor.Entendimos que es muy importante explicarles no sólo los éxitos conseguidos por determinadas personas, sino también el esfuerzo que necesitaron realizar y las dificultades que encontraron.

Mi grupo cuenta con 10 niños. Hay 4 niños, y 6 niñas. Cuando empezamos a poner en marcha el proyecto, empecé preguntando los hobbies de cada uno de ellos para intentar canalizarlo hacia sus aficiones. Unos me comentaban que les gustaba la fotografía, otros la pintura,…

Durante este proceso, valoramos la posibilidad de realizar distintos productos. Observé que cuando alguno de ellos proponía alguna idea, varios de sus compañeros coincidían en su respuesta, diciéndole :”eso es muy difícil”, “eso es imposible”. Parece que el concepto de difícil, fácil o imposible ya es algo que tienen muy bien aprendido a los 9 años. Pedí que dejasen al margen estas valoraciones, y que simplemente tratasen de proponer aquello que les apeteciese poder llevar a cabo, con independencia de su complejidad. Les comenté que al fin y al cabo, la complejidad sólo requeriría más esfuerzo, y que cualquier cosa podría acabar siendo desarrollada. Aquí me vino muy bien contar con los ejemplos de emprendedores que habíamos utilizado en la parte teórica. Les recordé las dificultades que encontraron algunos de ellos, y cómo fueron finalmente superadas.

Finalmente, decidieron poner en marcha un proyecto de camisetas, en las que podrían representar sus diseños, fotografías,…

Una vez definido el producto, nombramos a los responsables del grupo para cada una de las áreas que deberían llevar a cabo. Unos se encargarían de las fotografías, otros de realizar los diseños a imprimir en las camisetas, otros de buscar las frases, otros de traducir algunas de ellas al inglés,…

Aquello empezaba a funcionar. Los niños empezaban a sentirse ilusionados por un proyecto que empezaba a coger forma.

Realizaron una exposición en público ante sus compañeros, y explicaron qué iban a hacer, cómo iban a hacerlo, y las responsabilidades que cada uno de ellos había asumido en el proyecto.

En un momento determinado, pregunté qué haría cada uno de ellos con el dinero que se generase con la venta de las camisetas. Tras la pregunta, me costó contener el ánimo, y con dificultades por la excitación generada, fui preguntando uno a uno esta cuestión. En aquel momento, los niños vieron que a través de este proyecto podrían conseguir metas mayores. Respondieron que producirían más camisetas con otros diseños,  que pondrían en marcha otros proyectos de pantalones, que ayudarían a sus padres en casa, que se comprarían una cámara fotográfica con la que hacer mejores fotos, que comprarían un Iphone, … En definitiva, vieron que a través del proyecto de las camisetas podían llevar a cabo algunos de sus sueños, y así pasaron de la neutralidad o escepticismo de la teoría inicial al júbilo de la aplicación práctica.

En un principio, yo tenía dudas de si podría mantener en ellos esa actitud, ilusión y empeño inicial. En sesiones posteriores, he podido comprobar que su ilusión va “in crescendo” a medida que el proyecto va avanzando. He quedado gratamente sorprendido al ver cómo en sucesivas sesiones, cada uno de ellos ha ido ejecutando los compromisos adquiridos, y cómo incluso entre ellos se han animado y controlado para que el avance del grupo sea uniforme.

Para mí, la experiencia ha sido maravillosa. Me ilusionó que incluso uno de ellos me llegase a proponer si podríamos hacer proyectos reales conjuntamente una vez concluido este programa. Escuchar esto de un niño de 9 años me ha desmotrado que la experiencia les ha resultado muy positiva. Que han disfrutado en el proceso, y que el mensaje de que pueden desarrollar sus propias ideas, productos o proyectos lo tienen ya en su interior. Las respuestas iniciales de “difícil”, “imposible”,… han sido traducidas en un proyecto real, al alcance de su mano que les ha enseñado un camino. Por mi parte, también he disfrutado en este proceso, y cuando finalizaba cada sesión, siempre salía pensando que “durante ese día, no podría hacer nada que me diese tanta felicidad como lo que había hecho con esos niños”. Mi objetivo de contribución se encontraba realizado.

Por mi parte, me siento profundamente feliz y orgulloso de haber contribuido a despertar esta inquietud en niños de estas edades. Espero que esta “semilla” germine y genere los frutos que esta sociedad y la del futuro necesitan.

Agradezco que Jovempa me haya dado esta oportunidad, y celebro su iniciativa. Gracias!!!.

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